🔵 “Sobreviví 16 días en la oscuridad”: el relato del pescador de Uxpanapa
“Para mí fueron tres días… el tiempo se detuvo”, relató el pescador rescatado dentro de un Cenote.
Uxpanapa, Erasto Crisanto Valdez, pescador originario del Poblado 14 de Uxpanapa, sobrevivió 16 días dentro de una caverna oculta en un cenote de la comunidad de San Francisco La Paz, en Santa María Chimalapa, Oaxaca. Su testimonio revela una experiencia límite marcada por la oscuridad total, la desorientación y la fe.


Erasto cuenta que todo comenzó como una jornada normal de pesca. Tras lanzar un arponazo a un rubal, el pez se internó en una cavidad y él lo siguió. Al intentar regresar, la salida había desaparecido. “Busqué la manera de salir, pero no encontré nada. Seguí nadando sin rumbo”, relató.
En ese momento, dice, entró en shock. La noción del tiempo se alteró por completo.
“Fue como si el tiempo se detuviera. No sé cómo llegué a ese lugar… es inexplicable”, afirma.
La caverna donde quedó atrapado era húmeda, de piedra y lodo, con pequeñas orillas formadas por un manantial interno. Ahí permaneció sin luz, sin comida y sin referencia alguna del día o la noche. “Era como tener los ojos cerrados. No se veía nada, solo se escuchaba el agua”.
Su lámpara se quemó por completo, dejándolo en oscuridad absoluta. Para sobrevivir, bebió agua del manantial y se aferró a la oración. “Me mantuve con fe en Dios. Le pedía que me encontraran, aunque fuera sin vida”.
Aunque estuvo atrapado 16 días, para él el tiempo transcurrió distinto: “Para mí fueron tres días. Todo fue misterioso”.
El momento del rescate llegó mientras oraba. Primero escuchó burbujeos, pero creyó que provenían del nacimiento de agua dentro del cenote. No imaginó que eran buzos. Hasta que escuchó una voz y vio una linterna. “Me dijeron: ‘¿Hay alguien ahí?’ Y contesté: ‘Sí, aquí estoy’. Fue algo maravilloso”.
El primer buzo no pudo acercarse por la posición en la caverna, pero confirmó que era él. Luego regresó con otro buzo que logró llegar hasta donde estaba Erasto y le suministró suero. “No podía ver, estaba muy débil”, recuerda.
Al salir a la superficie, la luz del sol lo cegó. Pero lo más impactante fue ver a su familia. “Lo primero que vi fue a mi mamá. Sentí alivio. Sentí esperanza”.
Desde el hospital, agradece a todas las personas que siguieron su caso, enviaron mensajes y oraron por él. “Le agradezco a todo el mundo. No tengo cómo pagarles. Dios sabe dónde pone a uno. Su plan es perfecto”.
Erasto asegura que esta experiencia cambió su vida y que ahora quiere compartir su testimonio para quienes han perdido la fe. “Para todos los que no creen en los milagros: Dios existe. Nunca se den por vencidos”.
